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México, Guadalajara: Lo que fue un río vivo ahora asfixia a más de 160 mil personas

Por: 
Agrupación Un Salto de Vida A.C.

Un día el río amaneció tapizado de peces muertos; otro, comenzamos a morir todos..

Hace 40 años, el brillo de una nata de peces muertos en el cauce del río Santiago nos tomó por sorpresa a los habitantes de El Salto y Juanacatlán, Jalisco, en el Occidente de México. Pero la pesadilla apenas comenzaba. No sabíamos lo que venía. Lo que vino fue la pérdida de la comida que obteníamos del río; la pudrición de todas las tierras de cultivo de los alrededores; la necesidad de comer frutas y legumbres regados por heces fecales, agroquímicos y metales pesados, que una zona industrial pujante arroja a 16 comunidades de por lo menos tres municipios: El Salto, Juanacatlán y Tonalá. Ahí viven unas 160 mil personas. Y la zona afectada que se refiere, apenas es un pequeño tramo de los 500 kilómetros que recorre el torrente envenenado, en su camino hacia el Océano Pacífico.

México: Muerte y resistencia social en el Río Santiago

Por: 
Jorge Regalado

Se dice que entre los años 1525 y 1530, cuando el conquistador español Nuño de Guzmán llegó por estor rumbos, no le resulto fácil encontrar la manera de franquear la “endiablada y áspera” Barranca y cruzar el Río Santiago, entonces llamado Río Grande, por las muchas piedras que éste tenía (Marín Tamayo, 1992). Con seguridad la fuerza y vastedad del río no permitían el avance de las tropas invasoras que además tuvieron la respuesta de los guerreros de los pueblos purépechas, cocas, cazcanes o tochos, nahuas, wirraritari, tecuales, guachichiles, zacatecos, tepecanos y tecuexes, entre otros, que resistieron y combatieron al ejército invasor por varias décadas en esta región. Más de 500 años después, cruzar el Río Santiago sigue siendo peligroso. Ya no por la fuerza y profundidad de su caudal sino porque sus aguas contienen tal cantidad de sustancias tóxicas que resultan letales para quienes toquen, respiren o absorban un poco de ellas, así como para el entorno natural de los pueblos y comunidades del Río Santiago en el estado de Jalisco, México. Por tales razones actualmente se le considera como un río muerto en el cual hace más de 30 años es imposible toda vida.