Los Segadores Voluntarios se oponen al uso de transgénicos (OGM: Organismos Genéticamente Modificados) en la agricultura y a los patentes del ser vivo artificial. Defienden el derecho a un medio ambiente sano y denuncian los cultivos de plantas transgénicas en campo abierto invocando el principio de precaución. No se oponen al uso de transgénicos en el marco de la investigación científica, pero sí a que las experimentaciones se desarrollen en el campo, al aire libre, lo que podría resultar en la contaminación de parcelas aledañas. Exigen transparencia en la información, y sobre todo, que los estudios realizados sobre cultivos transgénicos sean divulgados al público. El movimiento pasó de una movilización de algunos individuos en 2003 a 7500 personas en la actualidad, militantes de la sociedad civil y representantes de poder público.