Su forma de acción ha sido la desobediencia « cívica » por medio de movilizaciones ciudadanas no violentas consistentes en la destrucción de parcelas de ensayo de cultivos transgénicos en campo abierto y de los cultivos transgénicos comerciales. Hicieron llegar sus protestas a políticos, y algunos de éstos se unieron al movimiento. Francine Bavay pudo dar testimonio de su acción y explicar las razones por las cuales quiso formar parte del movimiento, participando en segas y presentando su tarjeta de visita de representante política (vicepresidenta de la región Ile de France) a la guardia civil. La desobediencia civil (o «cívica», como la designan los Segadores Voluntarios) implica tomar decisiones ilegales en un momento dado, y es importante implicar a las instituciones en este proceso.
Por sus acciones, los Segadores fueron demandados y condenados, y las multas que los diferentes miembros del movimiento deben hoy al Estado alcanzan casi 1,5 millones de euros. A partir de 2008, « el delito de sega » se sanciona con dos años de cárcel y 75000 euros de multa. Sin embargo, se constatan ciertos avances, ya que a principios de 2008 el gobierno ha decidido activar una cláusula de salvaguarda [1] e ha iniciado el proceso de suspensión del cultivo comercial de maíz transgénico Mon 810.
Más informacion: www.monde-solidaire.org
Resumen de la ponencia de Francine Bavay y Guillaume de Crop, Los Segadores Voluntarios, Francia
Extracto de la relatoría del taller "Movimientos socio-ambientales en América latina y Europa: convergencia de las luchas e intercambios de experiencias" organizado por France Amérique Latine (FAL) en el Foro Social Mundial de Belém, el 29 de enero 2009
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Notas:
[1] La « cláusula de salvaguarda » permite prohibir provisionalmente el cultivo o la comercialización de un organismo genéticamente modificado, invocando un riesgo en materia de salud y de medio ambiente.