Suscribir al boletín informativo

Asambleas socio-ambientales de la UAC - Entrevista a Mirta Antonelli (Córdoba, agosto 2010)

Versión para impresiónVersión para impresiónEnvie a un amigoEnvie a un amigoPDF versionPDF version
Por: 
Anna Bednik, Donatien Costa y Jeremy Dotti

Desde el inicio de los años 2000, centenas de asambleas socio-ambientales y colectivos se han “auto-convocado” a lo largo de toda la Argentina para oponerse al avance del extractivismo, y, en primer lugar, a los emprendimientos de la mega-mineria. En el 2006, nace la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), un encuentro nacional, cuyo propósito es “articular y potenciar las diferentes luchas” y “repudiar el avance sistemático de los emprendimientos destructivos”.

Mirta Antonelli es docente e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba, y coeditora con Maristella Svampa del libro Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales (Biblos, 2010). En agosto pasado, compartió con nosotros sus observaciones y pensamiento respecto a esa dinámica de resistencia.

Los primeros colectivos y asambleas socioambientales nacieron hace menos de 10 años. ¿Cómo evolucionó el movimiento? ¿Cuáles son los espacios de fortalecimiento y a la vez las dificultades que debe afrontar?

Mi visión es que el movimiento socio-ambiental ha crecido, se ha extendido y se ha fortalecido, con dificultades, cierto, porque no es un proceso para nada sencillo. El movimiento se ha extendido por lugares donde antes no había registro de la experiencia colectiva, y además ha logrado muchas adhesiones de actores que no son territoriales y que se han sumado cada uno desde su espacio: periodistas, académicos, políticos, estudiantes (la problemática de las asambleas socio-ambientales hoy es parte de la agenda  de  organizaciones de estudiantes universitarios, lo que no era así hasta hace un año y medio atrás). Se ha abierto un campo muy interesante de fortalecimiento, que va de la mano también con un proceso de agudización del avance del extractivismo, aunque la relación no es causal, ni directa.

El avance de la mega-minería hoy está llegando a provincias y a ciudades que antes creían que esto ocurría solamente en la cordillera. Y hoy es advertible que en todo el territorio hay minerales. A lo mejor no hay oro como en Catamarca o en San Juan, pero hay otros minerales y al subsuelo se lo han entregado (por las leyes sancionadas en los 90) a las empresas privadas. Entonces esta problemática ya no parece ajena, extraña, distante en lo territorial. Eso ha sido un factor que ha vuelto más cercano el conflicto a espacios sociales donde antes se creía que no iban a ser afectados.

Por otra parte, ha contribuido mucho la toma de consciencia respeto a que el agua es un recurso escaso, no renovable, y que ya se vive la problemática de la falta de agua o del no acceso al agua en muchas comunidades, incluso en comunidades urbanas donde ya no tienen agua, o no tienen el mismo acceso que tenemos otros ciudadanos. Si están usando el agua en la cordillera, acá lo están usando y lo están contaminando también. Decimos que el agua es un significante, como una suerte de etiqueta que sociopolíticamente ayudó mucho a colectivizar, porque todos estamos amenazados por la falta de agua.

Las asambleas han producido conocimiento - que las empresas niegan y el Estado silencia -, lo han acumulado, tratan de que no se pierda ese conocimiento, y lo están transmitiendo. Y eso provocó un fenómeno de irradiación: muchos actores se van sensibilizando a la problemática y van empezando a tomar posiciones. Todos, las asambleas y quienes compartimos el trabajo de las asambleas, somos a la vez agentes de irradiación, agentes de transmisión. Y si la problemática sobre la mega-minería se ha extendido, hay que reconocer que eso es el mérito de las asambleas. Con todas las dificultades de no tener infraestructura, de no tener dinero, de trabajar más bien en redes interpersonales, han logrado transmitir a otros actores - inclusive a nosotros, los académicos que estamos trabajando con ellos - la verdadera dimensión de este modelo extractivo.

El Congreso argentino tuvo que defender la ley de glaciares, cuando el gobierno nacional había establecido vetar esa ley para facilitar a las empresas sus actividades extractivas. Se ha convertido en agenda legislativa y los partidos políticos tuvieron que posicionarse. Hoy la problemática ya está también en la agenda política, y eso ha venido de las asambleas.

Las asambleas han sido un espacio de encuentro de actores heterogéneos. Hay heterogeneidad en las trayectorias, algunos vienen con militancia política anterior, otros no, algunos - muchos - vienen de la clase media, otros vienen de comunidades campesinas o pueblos originarios que han estado históricamente relegados. Son espacios de confluencia de actores muy diferentes. Y eso es a la vez una riqueza, una fortaleza, y también una debilidad, porque plantea una dinámica compleja para funcionar: ¿Cómo se toman las decisiones? ¿Cómo se reconcilian posturas distintas? ¿Cómo se llega al acuerdo para establecer las acciones que se van a llevar adelante?
Pero las asambleas siguen sin ser mayoritarias en sus territorios. Esto es un efecto también de la política de intervención en las comunidades que llevan adelante las empresas y los gobiernos. La primera estrategia de las mineras es fragmentar socialmente: parten de un diagnóstico de necesidades y empiezan a ofrecer trabajo, a ofrecer mejoras de las escuelas, cursos de capacitación a los maestros, etc., para producir tensiones dentro de los grupos familiares, los grupos de amigos. La fragmentación social es una práctica sistemática de las empresas, que va también de la mano con otra práctica sistemática - del Estado - que es cooptar. Es una lucha muy asimétrica, y las asambleas no tienen recursos propios. La “fortaleza” de esta “debilidad” es que las asambleas no están cooptadas por los partidos. Puede haber actores políticos que gestionen o que tengan más protagonismo en algunas asambleas que en otras, pero, en su conjunto, las asambleas no responden a estructuras partidarias. Y eso es una fortaleza.

¿Cómo nació la movilización en Argentina? ¿Existe un vínculo entre las asambleas socio-ambientales actuales y las asambleas barriales que emergieron durante la crisis?

Un rasgo distintivo del caso argentino es que Argentina no es un país minero. Entonces no tiene identidad minera ni memoria minera. La mega-minería a gran escala es un fenómeno nuevo. El mapa minero de la Argentina empezó con Bajo la Alumbrera, en Catamarca, y también con Anglo Gold Ashanti, en Santa Cruz. En Santa Cruz, los impactos fueron denunciados por los empleados, los “cianurados”, dicen ellos (es decir que ya están contaminados con cianuro). Ese saber estuvo transmitido por los pobladores. La experiencia de Catamarca fue la que más “sirvió”, justamente porque fue la primera explotación minera a gran escala, la más destructiva a nivel nacional, y cuando en Esquel (Chubut) los vecinos se enteraron de que había un proyecto extractivo de oro muy cerca, se reunieron con los vecinos de Catamarca, les facilitaron que pudieran llegar a Esquel y contaran lo que estaba pasando en Catamarca.

El proceso fue lento mientras estuvo adentro de Catamarca, limitado a Bajo la Alumbrera. No hubo todavía referencia en Argentina de que la megaminería ya estaba instalada. Sí, cuando Esquel logra frenar el proyecto minero, que se hizo el plebiscito (2003), el único que se hizo en el país (después ya no autorizaron ningún otro). El “No” de Esquel sí apareció en los medios. Todos lo vimos pero no pudimos medir en ese momento de que se trataba la megaminería. Por ejemplo en mi caso, me dedique a estudiar mucho la década de los 90 - el menemismo, las privatizaciones, el grado de corrupción, la cultura mediática del menemismo como efecto político - y no pude advertir en ese momento  que lo mismo que habían hecho con telecomunicaciones, aviones, agua y otros servicios, se había hecho con el subsuelo.

También hay un vínculo entre las asambleas de hoy y el “acontecimiento” (en el sentido de Badiou) del 2001- 2002. La memoria traumática de la Argentina reciente es la crisis terminal, la pobreza, producto de la década de las noventa. En el discurso del Estado y de las empresas, la mega minería es la única actividad y las empresas son los únicos actores que “contribuyeron” a la riqueza argentina. Y obviamente lo que uno advierte en el movimiento asambleario socio-ambiental, es que las asambleas barriales del 2001-2002 son una herencia, nosotros las llamamos una “marca” en la subjetividad política. Las asambleas actuales son igualmente horizontales, apartidarias, auto gestionadas, tienen exactamente los mismos rasgos de organización y las mismas dinámicas de funcionamiento. La diferencia fuerte es que se construyen en otros territorios, porque ahora las resistencias son contra el múltiple extractivismo en territorio.

La consigna de la UAC es “contra el saqueo y la contaminación”. ¿Esos dos reclamos tienen igual peso?

La mega-minería de hoy está en la continuidad del largo saqueo de la historia colonial de América latina: por eso Potosí aparece en muchos discursos como el emblema de una historia de colonias diezmadas por sus dominadores. Pero en el caso argentino la lucha es también por los efectos ambientales. Hubo interés de ciertos partidos políticos de asumir la causa en su discurso y de plantear la nacionalización de la mega-minería, como en Bolivia, en Ecuador, etc. Pero en la lucha asamblearia, la disputa por la renta no es la disputa central, porque si se mejorara la renta minera, igual se seguirían produciendo los impactos socio-ambientales. El tema de la renta está obviamente en discusión, pero en un contexto interesante, donde también nos preguntamos si el producto bruto interno puede ser el único indicador que mida el desarrollo, que es lo que usan justamente como argumento los gobiernos y las empresas. Entonces, desde la UAC de Chilecito y Famatina (julio de 2007), se explicitó que la consigna de lucha era “contra el saqueo y la contaminación”. Son los dos núcleos que se atacan, las dos partes del modelo. Esa doble consigna vuelve a las asambleas más resistentes a los discursos de los políticos en el sentido estricto.

¿Cuáles es la relación entre las asambleas y el Estado? Las empresas y el Estado?

Las asambleas son tangenciales al Estado, o sea, no están adentro del Estado, los reclamos, las demandas no se canalizan a través de la estructura estatal, pero el Estado no resulta inocente. Tienen con el Estado una relación ciudadana que es la de la denuncia. Denunciar a funcionarios, denunciar a empresarios, recurrir a la figura del defensor del pueblo (que cumple una misión de mediación entre la  ciudadanía y el Estado). Las asambleas socio-ambientales usan esos canales estatales, pero no son fuerzas del Estado ni se dejan cooptar por el Estado. Lo tienen como un blanco de críticas y de denuncias porque el Estado está funcionando para favorecer la expansión del modelo extractivo. También el hecho de no votar a candidatos que están en estructuras partidarias es su modo de decirle al Estado que no lo absuelven, no está liberado de culpas.

De hecho, no se puede responsabilizar solamente al sector empresarial, porque acá hay una alianza, son socios, socios asimétricos. Las transnacionales usan a los Estados. El caso de la soja es más complejo (por las retenciones a las exportaciones), pero la mega-minería no deja nada. La renta de la minería es ínfima, sobre todo si uno establece que lo que se están llevando son materias primas no renovables. El Estado afronta los costos: el agua, la energía, las carreteras…Todo lo que usan las empresas - los recursos humanos, ciencia,  tecnología - lo ha preparado el Estado. Las empresas se instalan, se llevan los recursos, dejan la contaminación y no devuelven nada.  Tienen – según la ley - 30 años de estabilidad fiscal, mientras que el Estado argentino se auto inhibe, se auto prohíbe a si mismo disponer del subsuelo y establece que solo las empresas privadas pueden explotar yacimientos mineros.

Las empresas van expropiando territorios, invocando propiedad privada, actúan en territorios nacionales como si estos ya estuvieran privatizados. Se produce una desterritorialización del Estado. Ahora viene la etapa de armar consorcios transfronterizos, porque los recursos que necesitan las empresas están en distintos países, buscan disponer de las cuencas hidrográficas de la cordillera que afectan a Perú, a Bolivia, a Chile, a Argentina. Es un fenómeno nuevo también, que trasciende a los Estados.

En la UAC, se discuten estrategias: acción “directa” o acción por vía jurídica, acción pacifica o acción que puede ser vista cómo violenta… ¿Cuáles son los principales puntos de discusión?

Las asambleas son auto-gestionadas. No tienen muchos recursos económicos ni sociales. Les cuesta movilizarse, cuesta pagarse el viaje para ir a un encuentro de la UAC. Son distancias enormes. Todos trabajan o tienen que cuidar su comunidad y en esos tres días de la UAC hay que dejar todo. Después, cada uno se vuelve y hay que seguir la lucha en su lugar. En los territorios, que son territorios chicos, las presiones, las tensiones y las asimetrías se viven con mucha fuerza. Cuando uno vive en una ciudad de 10 000 habitantes tiene al juez, al abogado, al intendente, al empresario, al dueño del diario, viviendo en el mismo espacio. Te conocen, saben dónde estás, qué haces, es muy difícil. Entonces también se trata de ver qué pasos nos puedan dar aliento, porque es muy desalentador: uno construye lazos de confianza, vínculos de amistad, lazos afectivos, pone el cuerpo en esa geografía, uno ya no es el mismo como sujeto, pero todo lo demás está preparado para que no prospere, para que las luchas se debiliten.

El interés común es que la UAC crezca, que la lucha socio-ambiental vaya ganando espacios y vaya siendo escuchada. Todos queremos revertir el escenario actual, es un punto que nunca está en discusión. Las discusiones son más bien sobre cuáles son los caminos, las herramientas que permiten dar pasos más largos que otros, con menos desgaste. En la heterogeneidad de la UAC, hay desacuerdos, discursos distintos, hay grupos que piensan en una forma y grupos que piensan en otra. Hay temas que se discuten en cada reunión, son como remanentes, nunca se terminan de cerrar porque son núcleos importantes de cómo se sigue la lucha.

Uno de estos, es el tema de las estrategias jurídicas. Quienes hemos propiciado acciones jurídicas y hemos buscado a veces asistencia jurídica, lo hemos asumido desde la visión de que hay lugar para muchas acciones, donde ninguna es única. No es que si vas a la vía jurídica no haces el corte de ruta o que si presentas un recurso de amparo, no vas a hacer la manifestación o el escrache. Es tener disponible un repertorio de prácticas que no se excluyen. Algunas son de tipo jurídico, y otras son de movilización y de acción directa o indirecta. La vía jurídica le obliga al Estado a dar respuestas, y si no las da, es una causa más para fortalecer la lucha, para decirle al Estado: “no está escuchando, no está cumpliendo su función”, denunciar a un funcionario, denunciar a un juez, etc. Pero es solo una de las herramientas disponibles. Quienes están rechazando la vía jurídica, tienen posturas más radicalizadas donde tienden a pensar que la vía jurídica nos puede llegar a apaciguar, nos puede tranquilizar y entonces abandonamos la movilización esperando que la justicia tome la decisión. No es así, pero es un miedo genuino. Mi percepción es que no hay ninguna posibilidad de que se confunda una herramienta con una práctica sistemática.

Otro tema remanente en la UAC es el tema de la violencia. La cuestión es: ¿ en qué contexto se discute, qué significa violencia?  Primero, el Estado y las empresas producen y ejercen  mucha violencia: simbólica, material y física, de las tres. Son los sujetos con mayor capacidad de generación e implantación de violencia que va desde la intromisión en las escuelas, censura en los medios, disciplinamiento social, y por supuesto la destrucción de los territorios. La otra cuestión es que cuando en Argentina surgen estos temas, está muy presente la memoria de la violencia dictatorial. Para nosotros es un trauma. Nuestra memoria traumática por supuesto no es una sola, es como toda memoria, objeto de disputas, construcciones del sentido del pasado. Lo cierto es que somos una sociedad que tiene la marca de violencia estatal. Ahora es la violencia del Estado neoliberal, que por otra parte continua políticas económicas que vienen de la dictadura. En el tema de la mega-mineria hay una continuidad jurídica, hay un conjunto de las leyes de la dictadura que siguen vigentes. Esa continuidad, no la ponen en discusión los actores gubernamentales. Y también el Estado ha construido, respecto de las luchas - no solo las luchas armadas, sino también las  luchas políticas y culturales de los años 70 - el imaginario del terrorismo. Se ha hecho desaparecer a muchos trabajadores sociales, educadores populares, estudiantes, gremialistas bajo la figura del terrorista y del subversivo, del enemigo que había que exterminar. 

Respecto a la violencia, también hay imaginarios emancipadores, porque también la lucha armada fue parte de un proyecto revolucionario, y que era esto una justicia popular y no violencia… era un proyecto emancipador de justicia social. Todo eso aparece también en la UAC. La UAC nace como vecinos auto-convocados por problemáticas socio-ambientales. Cuando empieza a consolidarse, se empiezan a acercar muchos otros colectivos que no vienen de las mismas trayectorias ni de las mismas experiencias ni con las mismas luchas, se hace una gran red de colectivos heterogéneos, otra vez. Algunos grupos y colectivos que no son socio-ambientales, que vienen más de experiencias urbanas y populares, vienen con otro imaginario y donde dan un significado a la violencia muy diferente.

A estas visiones e imaginarios que tienen los sujetos políticos también se les suman las lecturas que vienen a posteriori de haber tenido alguna acción. Por ejemplo, en el caso de Andalgalá es claro que la violencia que están ejerciendo el gobierno y las empresas es ya de un nivel supremo, una violencia que hace años que se está implantando. Ahora, cuando los asambleístas rompieron vidrios y quemaron un auto, el aparato hegemónico reaccionó rápidamente criminalizando y estigmatizando, haciendo aparecer a “los otros”. Es muy del imaginario político argentino, se construye “el otro” que es capaz de cometer un acto criminal. Y se usa la figura del “otro” en los medios de comunicación (cuyos mayores clientes son las empresas y, después, los gobiernos locales) para deslegitimar las luchas. Debilitando, están produciendo más fragmentación social. La cuestión es - más allá de lo que ocurre - ¿qué relato, qué discurso empieza a construir representaciones? Producir “los otros” dentro de la propia comunidad. Un vecino no se junta con otro vecino, un maestro no se junta con otro maestro. Marcar, separar y segregar, decía Foucault. Y es así. 

¿Qué tipo de conocimiento producen y transmiten las asambleas? ¿Cómo se construye ese conocimiento?

Foucault habla de prácticas sociales como productoras de saber y de justicia, como prácticas de “veridicción”. Me empecé a acercar a las asambleas gracias a la gente amiga de San Juan que ya tenía muy próxima la llegada de Barrick Gold Corporation para el proyecto Veladero (en funcionamiento desde el 2006). Lo primero fue la conmoción de ver la desesperación que ellos tenían, la impotencia, pero a la vez la cantidad de cosas que estaban haciendo para frenar el proyecto, para que no lograran instalar el proyecto. Además del impacto emocional, de conmoverme por escuchar sus testimonios, me impresionaron dos tipos de conocimiento que ellos tenían para oponerse a la mega-minería. Uno, yo lo llamo la verdad justiciera, que es el conocimiento que tienen los vecinos y ciudadanos de cada lugar de los ilegalismos, irregularidades, actos de corrupción, cooptación, todo lo que es violatorio del concepto de justicia, en su sentido más amplio. Y lo otro fue el conocimiento que ellos tienen de lo medio-ambiental. Un conocimiento que contradice, que denuncia como falaz, el discurso de los técnicos expertos, de las propias empresas y del Estado. Son “rastreadores del territorio”, los que buscan huellas, que rastrean huellas para ver qué animales pasaron, para ver si hay hierbas que se pueden usar. Conocen el territorio porque lo han vivido, porque pueden leer con sus ojos, porque conocen el ritmo de la montaña, el ritmo de las lluvias, saben cómo se comporta la naturaleza ante determinados fenómenos. En el primer informe de impacto ambiental, la Barrick decía que del lado argentino no había glaciares. Pero los ciudadanos de San Juan sabían perfectamente donde estaban los glaciares. También vi, ya incorporados con estas asambleas, a muchos profesionales de ciencias vinculadas a la megamineria, con un discurso crítico, con fundamentos técnicos del por qué era una barbaridad lo que iban a hacer.

Cuando fui participando en la UAC, encontré estos dos tipos de conocimiento en todos los pobladores. En Andalgalá por ejemplo, hicieron el primer intento de poner en mapa lo que era Bajo la Alumbrera. Tenían hasta el registro fotográfico del mineraloducto - por el que Bajo la Alumbrera lleva lo que extrae mezclado con las sustancias tóxicas -, de los lugares donde el ducto estaba roto. Tenían registros fotográficos de cómo se desvió el curso de los ríos, de cómo cambió irreversiblemente el paisaje, de cómo desaparecieron caminos, de cómo estaban impactados los frutales, etc. Hicieron su propio “estudio de impacto ambiental”, anotando los impactos ya producidos e identificando los impactos a futuro. Y eso es muy desesperante, porque si ellos no supieran los impactos, no vivirían con esta indignación y desesperación al ver que los proyectos van a ser autorizados por los gobiernos. Cuando uno ignora, no puede medir la amenaza. Es un aspecto de las asambleas que es contundente. Tienen un conocimiento contra-experto, que se opone al conocimiento de los expertos que están trabajando para el sector empresarial.

Han aportado mucho los colectivos de arte, como por ejemplo un colectivo de arte político que se llama “los Iconoclasistas”, que se sumaron a la UAC en el 2007 y fueron participando de talleres en las comunidades para hacer juntos mapas colectivos. Y también creo que hay una búsqueda creativa de cómo aprender y apropiarse (en el sentido de hacerlo propio e implementarlo) de los saberes de comunidades campesinas e indígenas, de los pueblos originarios que han ido acumulando y transmitiendo su realidad, sus distintas formas de escritura, respecto al acceso a la tierra, al cuidado de la tierra, la relación entre identidad y territorio. Y como dice Maristella Svampa en uno de los artículos del libro, no es casual que el movimiento socioambiental en América latina por un lado haya surgido de manera simultánea al avance del extractivismo (las pasteras, las forestales, las pesqueras, las mineras, etc.) y no es casual tampoco la confluencia y el acercamiento entre comunidades originarias y campesinas con estos movimientos de ciudadanos y pobladores que en su mayoría (en Argentina, ndlr) son ciudadanos de clase media que a lo mejor hasta ese momento no habían tenido como experiencia propia todo lo que se juega en la tierra. Entonces, el proceso extractivo es una ampliación de fronteras, porque ya estaba presente en la población campesina e indígena. Y este fenómeno es general para la América Latina.

En este lugar de encuentro que es la UAC se está buscando cómo aprender unos de otros, cómo construir un lenguaje que permita, desde el respecto de la diversidad, por un lado denunciar el extractivismo, y por el otro, ir creando juntos nuevas prácticas para construir lazos más comunitarios y propuestas alternativas.

Entrevista por Anna Bednik, Donatien Costa y Jeremy Dotti para www.aldeah.org 

Comentarios

Añadir un comentario

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.